
“La sedujo mi identidad escénica de neohippie con aroma herbal y personalidad brumosa capturada en representaciones fotográficas de la idílica pareja moderna. Había puesto los ojos en mí porque otra mujer emprendedora se solazaba en fotogramas de lo que, seguro, era una novela romántica en ambiente de accesión. El encuadre motivacional sació la entrepierna y crispó el ego por el resto de la tarde, me sentí ¡el paraíso masculino!, ¡el unicornio de las niñas!
Después se vino a enterar que no tenía auto, no pensaba casarme, ni era solvente. Para ella, sin ofuscación o disfraz alguno, resulté un burócrata insatisfecho entre el anonimato voluntario y la mediocridad ontológica, que (quizá peor) no pensaba dejar los divertimentos salvajes del
sensus communis o intentos de domar a la fiera por los barbáricos argumentos de sus nalgas."
Eric Ahumada
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